*El joven Pineda narra que aprendió la actividad junto con su hermano hace casi 20 años, ahora la gente compra su vestimenta en las tiendas que las fabrican en serie, es de lamentar hoy la sastrería paso a “Taller de Costura”
POR Baltazar SÁNCHEZ HUERTA / Redacción
LÁZARO CÁRDENAS, MICH.- “Muchos jóvenes ya no saben qué es una sastrería, ni lo que se confecciona o de qué se trata”, a pesar de que algunos las visitan para que les “entuben” sus pantalones. Es un oficio que se encuentra en peligro de extinción, lamenta Ricardo Pineda, él hoy atienden la sastrería que lleva su apellido pero que realmente ha pasado a ser un Taller de Costura.
“Algunos jóvenes vienen pero también mandan a sus mamás. Quieren los pantalones de mezclilla muy entubados y se los dejamos como quieran”, agrega, que el oficio lo aprendieron hace más de 20 años gracias a la instrucción de su padre, quien tenía su taller. Su hermano fue el primero y pronto vieron la oportunidad de que Ricardo también se iniciara en esta práctica, pues el trabajo de la construcción le parecía muy pesado.
20 años después continúan “levantando” bastillas, poniendo cierres, botones y realizando uno que otro arreglo a las prendas que aún les llevan a su localito ubicado en la avenida Reforma, poco antes de llegar a la Pergola, entre las calles Melchor Ocampo e Ignacio Zaragoza en el primer cuadro de la ciudad.
En aquel tiempo, recuerda, casi no hacían trabajo de compostura, sino confeccionaban trajes, pantalones, faldas y chalecos. Ahora la gente compra su vestimenta en las tiendas que las fabrican en serie. Los pocos clientes que aún llevan sus prendas les permiten obtener ganancias para mantener a su esposa y a su hijo.
Sentado frente a la máquina de coser, en un espacio de aproximadamente cuatro metros cuadrados, Ricardo Pineda arregla un short playero al que le falta un cierre mientras narra que ese pequeño local que rentan, es el área en que trabaja por la mañana y su especialidad es el traje de hombre: pantalón, chaleco y saco, piezas por la que cobran 2 mil pesos y entrega en 3 días, así como trajes sastre para mujer, sin embargo hace casi 10 años empezó a disminuir la solicitud de este tipo de prendas, así como de los ingresos, pues en promedio gana 200 pesos por día.
“Por poner un cierre cobro 60 pesos, por entubar un pantalón 60 o 70 pesos, si regatean. Si tengo trabajo les cobro menos, con eso nos conformamos. Hay semanas que no nos damos abasto, pero otras no hay trabajo aunque nunca estamos de oquis”, agrega.
Ese pequeño espacio en que trabaja, almacenan decenas de bolsas negras acomodadas en dos repisas. Al interior de éstas se resguardan prendas que esperan por sus dueños. Algunas de ellas ya tienen bastante tiempo, pero Pineda se niega a desecharlas, “no vaya a ser que los dueños vengan a reclamarlas y no las tengamos, qué tal que nos demanda o algo”, bromea.
Los hombres ya no quieren ser sastres
Este oficio, dice Ricardo Pineda, está desapareciendo en los hombres. Ahora son las mujeres quienes se interesan en aprender sobre el diseño y confección de prendas. Ni su influencia ni la de su hermano han podido crear algo de interés por este oficio en su hijo.
Sin embargo sus esfuerzos se enfocan en mantener vivo este oficio. Pineda “No queremos que este oficio caiga, porque sí ha ido cayendo. Los hombres ya no se ven que quieran aprender, mujeres sí, sobre todo jovencitas. A los jóvenes de hoy no les gusta, nunca han querido”, lamenta.
