*Asociaciones Civiles y Uniones de Trabajadores afectados, sin empleos y la economía de todo el municipio, señalan que desde hace casi 4 años Hoschison Port anunció ampliar el puerto seguida de APM Terminales, empresas como la siderúrgica y Fertinal no han hecho mantenimientos a sus áreas de producción.

POR Baltazar SÁNCHEZ HUERTA / Redacción

LÁZARO CÁRDENAS, MICH.- Han pasado poco más de cuatro años de que en el Puerto Lázaro Cárdenas se anuncó una ampliación en las terminales portuarias Hoschinson Port y APM Terminales, la empresa siderúrgica más de una década que no da el mantenimiento en áreas de producción de acero. Desde entonces, miles de obreros se han quedado desempleados, con proyectos de vida truncados y muchos de ellos están en la miseria. Pero la afectación no sólo se quedó ahí, se extendió a familias de la región, quebraron cientos de empresas prestadoras de servicios industrial y se transformó la dinámica citadina.

En estos duros años, los trabajadores y sus familias han tenido que enfrentar hambre, falta de trabajo, estigmatización, represión y en un literal desamparo, las condiciones de salud con servicios de pésima calidad en hospitales generales, hoy clínicas del IMSS Bienestar, en este municipio, considerado antaño el Cuarto Polo de Desarrollo Industrial o La Capital del Acero, ubicado en el puerto más grande de Latinoamérica.

En ese batallar han fallecido al menos 41 trabajadores, «algunos, comentan familiares que se han hasta suicidado, otros enfermado». En una conversación con ellos, afuera de las aún majestuosas instalaciones de la puerta 4 de la siderúrgica que es la mayor acerera del país y de América Latina.

«Ha sido muy duro todo esto; para solventar tuvimos que vender lo que nos pertenecía, los bienes que nos costó muchos años conseguir; aun así, todavía estamos batallando para sobrevivir», lamenta Israel G., quien al momento de la paralización de actividades labores desde la pasada pandemia tenía ya varios años de trabajar en la planta con los llamados Paros de Reparación o Mantenimiento.

Desde entonces ha vivido toda clase de calamidades: desde conseguir alimento para su familia, hasta no poder pagar ya los estudios de su hija de 18 años de edad, comentó que está en buro de crédito por no pagar a Coppel. «El quiere tener una carrera, pero no hay dinero», externa, mientras con impotencia aprieta el puño izquierdo y se le quiebra la voz. Sus compañeros comparten ese sentimiento y enseguida se solidarizan: «¡ánimo, raza!», al tiempo que aplauden para reavivar la esperanza.

En uno de los accesos de la planta, los contratistas o terceros de la siderúrgica improvisaron un campamento con estufa rústica con un par de ladrillos, una rejilla y un pocillo con tizne, donde hierven agua para café, que durante el día beben para «aguantar el hambre», dice Alejandro O., quien también tiene años trabajando en los mantenimientos de la empresa.

Hacemos un llamado a los tres niveles de gobierno para generar un programa para reactivar la economía en la región con empleos temporales, que de llegar a las empresas extranjeras que llevaran a cabo los trabajos de ampliación al muelle den preferencia a la mano de obra local ya que las empresas que ganan la licitación para estos trabajos son foráneas y traen su personal, es ahí donde el gobierno local y del estado deben defender a su gente y que parte de la economía se quede en la región.