*El confinamiento en casa perjudica más al rendimiento de los niños de las familias más humildes, con un menor número de dispositivos digitales y menos rutinas.

POR Baltazar SÁNCHEZ HUERTA

  LÁZARO CÁRDENAS, MICH.- El confinamiento en casa perjudica más al rendimiento de los niños, niñas y adolescentes que a un mes de regresar a clases aun en sus domicilios presentan ansiedad, estrés, irritabilidad y agresividad, son algunos de los síntomas que los estudiantes, principalmente de primaria y secundaria, enfrentan a seis meses de confinamiento, lo cual se verá reflejado no solo en su estado de ánimo, sino también en su rendimiento escolar.

  Guadalupe Montes Lugo, especialista en psicología educativa y en adolescentes, aseguró que los niños de primaria y los jóvenes de secundaria que mantenían una expectativa de que el regreso a clase el 24 de agosto sería de manera presencial, y que finalmente no fue así, y hoy atraviesan por una situación de estrés y ansiedad que podría verse reflejada en su rendimiento escolar bajo la nueva normalidad de la SEP, “Aprende en Casa”.

  “Había mucha expectativa entre los chicos de primaria y secundaria, sobre todo de volver a ver a sus amigos, de salir al patio de recreo, jugar, abrazar y platicar con sus amigos, y al no hacerlo, entonces se viene una cuestión emocional muy fuerte, porque también, dijo, percibo y detecto mucha incertidumbre que ha detonado en cuestiones de estrés y ansiedad en ellos”, el no poder salir a compartir sus emociones con compañeros.

  Explicó que estas emociones que experimentan los niños y adolescentes mucho tienen que ver con lo que perciben en casa y lamentablemente por la contingencia sanitaria del COVID-19 hay muchos casos de desempleo que derivan en problemas económicos y conflictos entre los padres.

  “Los niños de primaria y secundaria perciben mucho el ambiente de casa, entonces desafortunadamente ahorita en los últimos cinco meses se ha incrementado mucho el desempleo; a muchos trabajadores los descansaron sin sueldo y a otros les bajaron el sueldo, y obviamente, aunque los adultos traten de ocultarlo, los pequeños se dan cuenta absolutamente de todo; entonces yo percibo una emocionalidad fuerte en cuanto a las expectativas no cumplidas de los chicos de primaria y secundaria”.

  Reconoció que tomando en cuenta la cuestión emocional, se espera, de parte de los niños y adolescentes, una energía baja, apatía y un estado de irritabilidad, por lo que consideró necesario trabajar mucho en la fortaleza de los padres. “Hay que estar muy al pendiente, sobre todo de los estados melancólicos que vayan generando los chicos, porque la melancolía es la antesala de la depresión, entonces, hay que estar muy al pendiente de ellos, sobre todo de los chavos entre 11 y 15 años de edad.

   Porque en esa tapa hay un movimiento muy fuerte emocionalmente respecto a la identidad y a la pertenencia y al dejar de ver de la noche a la mañana a sus amigos y compañeros de clase se les arrebató ese sentido de pertenencia, lo que podría verse reflejado en una cuestión de agresividad”, afirmó que las emociones son como un tren: van con todo y no se pueden detener, por eso hay que dejarlas fluir, aunque consideró que es necesario cuidar las formas, es decir, una cosa es estar enojado y otra muy diferente es hablar con palabras altisonantes o inclusive tener un brote violento de mucha agresividad.

  “Desgraciadamente sí se han presentado casos, no tengo una estadística, pero dentro de mi experiencia y del trabajo que he hecho en estos meses dentro y fuera de la escuela y en el consultorio, sí han sucedido casos; de pronto chicos que eran más tranquilos, de repente están sacando emocionalidades que antes no tenían o expresión de emociones que no son gratas donde se ha llegado a insultar a los padres”.

  Destacó que para hacer frente a esta situación, especialistas a nivel mundial que trabajan la parte psicológica y emocional con chicos y grandes están recomendando la cuestión espiritual y que nada tiene que ver con cuestiones religiosas.

  “La parte emocional ligada a la espiritualidad nos lleva al autoconocimiento, es como una reconciliación con nosotros mismos; por eso los especialistas proponen que los chicos empiecen a trabajar la meditación, que no es otra cosa que aprender a respirar para sacar emociones de ira y coraje y ansiedad, y tratar de controlar la respiración para poco a poco controlar los latidos del corazón y empezar a sentirnos tranquilos para que nuestra mente se abra y piense de una manera más calmada”.

  Consideró que será necesario tener una introspección profunda como padres respecto a qué han hecho y no se trata de sentirse culpables, porque la culpa no sirve de nada y solo los paraliza; es más bien hacerse responsables, porque eso los orillará a actuar para remediar las cosas. “Creo que esta introspección que podamos tener como adultos podría dar pie a buenas decisiones en la educación formativa con nuestros hijos y en la forma de cómo los podemos apoyar en estos momentos y en estas circunstancias”.